La casa de apuestas desempeña un papel de intermediario entre los jugadores. Recauda el dinero apostado y efectúa los pagos a los ganadores, cobrando la comisión oportuna por su trabajo.
La tradición inglesa es bien distinta a la norteamericana por motivos históricos. La casa inglesa publicaba a principios de semana el cupón que contiene las cuotas (los precios) de los diferentes eventos y lo hacía llegar a todos los apostantes del país. Ajustar las cuotas posteriormente en función de la oferta y la demanda resultaba demasiado caro por el inconveniente de publicar un nuevo cupón y redistribuirlo, así que las casas inglesas, generalmente, mantenían sus cuotas invariables a lo largo de la semana. La tradición norteamericana ha seguido otro camino condicionada por el hecho de que las apuestas no son legales en EEUU. Aunque con un alto grado de permisividad social (incluso el New York Times dedica una columna a las apuestas), es obvio que la publicación de un cupón al modo inglés resultaba imposible. Cambiar las cuotas no tenía entonces un coste adicional para los corredores de apuestas de EEUU, que las dejaban fluctuar libremente en función de la oferta y la demanda.
Para los españoles, el desconocimiento de las casas de apuestas era casi absoluto hace apenas unos años. Incluso existía una idea un tanto novelesca del corredor de apuestas clandestino, típico de las películas de Hollywood. La realidad es bien distinta. En Inglaterra, por ejemplo, algunas casas de apuestas llevan operando más de medio siglo. Tras décadas de servicio, ofreciendo cuotas y pagando puntualmente, las casas de apuestas inglesas poseen un reconocido prestigio no sólo en su país, si no en todo el planeta. No en vano, además de la larga tradición de apuestas deportivas que existe en la cultura anglosajona, las casas con licencia inglesa deben pagar unos cánones muy altos para poder operar.
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